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miércoles, 26 de febrero de 2014

Alfonsina y el mar

Por la blanda arena que lame el mar 
su pequeña huella no vuelve más 
un sendero solo de pena y silencio llegó 
hasta el agua profunda 
un sendero solo de penas mudas llegó 
hasta la espuma. 

Sabe dios qué angustia te acompañó 
qué dolores viejos calló tu voz 
para recostarte arrullada en el canto 
de las caracolas marinas 
la canción que canta en el fondo oscuro del mar 
la caracola. 

Te vas Alfonsina con tu soledad 
¿qué poemas nuevos fuiste a buscar? 
una voz antigua de viento y de sal 
te requiebra el alma y la está llevando 
y te vas hacia allá como en sueños 
dormida, Alfonsina 
vestida de mar. 

Cinco sirenitas te llevarán 
por caminos de algas y de coral 
y fosforescentes caballos marinos harán 
una ronda a tu lado 
y los habitantes del agua van a jugar 
pronto a tu lado. 

Bájame la lámpara un poco más 
déjame que duerma nodriza, en paz 
y si llama él no le digas nunca que estoy 
dile que Alfonsina no vuelve
y si llama él no le digas nunca que estoy
di que me he ido. 

Te vas Alfonsina con tu soledad 
¿qué poemas nuevos fuiste a buscar? 
una voz antigua de viento y de sal 
te requiebra el alma y la está llevando 
y te vas hacia allá como en sueños 
dormida, Alfonsina 
vestida de mar.



Elyssia

Elyssia, quizás antes mejor conocida como Anna Marie du Moulin, es una mujer plácida que, en los días que toma lugar mi relato, vive encerrada en su castidad encima de las montañas más alejadas de la cordillera andina, su piel es blanca como la nieve que la rodea, y sus cabellos cortos le dan un aspecto fuerte, como marcado por el pasado.
Desde que nació, su vida se encontró inclinada a la bondad. Siendo la primogénita en el seno de una familia poderosa e influyente en sus tiempos, dedicó sus años a ayudar a todo aquel que sus ojos viesen en necesidad.
Odiaba jactarse de sus acciones, y auxiliaba advirtiendo a sus menesteres que no debían divulgar su hacer. Al llegar a sus 30 años, era conocida como el ángel de la región, su nombre era utilizado en metáforas sobre la generosidad, la belleza y la cordialidad, pero ante todo, se destacaba en sus rasgos una dulce y conmovedora sonrisa que llevaba un leve vaho de calor al corazón de quien la miraba.

Un día como cualquiera, Anna abrió la puerta de la maison du Moulin y al salir comenzó a divagar pensando en el paseo que daría y otras múltiples historias que se aventuran de forma corriente en la mente de una mujer joven. Sin embargo, no sabía -ni tenía forma de saber- que en ese paseo se encontraba su perdición.

Mientras sus pies pisaban el suave césped que adornaba el centro de los jardines du Moulin, se encontró a un extraño joven que la miraba fijamente, sus ojos eran negros como la noche y su cabello largo al viento recordaba a un salvaje equino corriendo en praderas vírgenes sin ningún control ni artificio humano que lo detuviera, Anna no notó como paulatinamente su imaginación caía en la esclavitud de no poder desprenderse ni volar muy lejos de su recuerdo cálido.
Al día siguiente, al mismo horario, se mandó como guiada por un milagro divino hacia el mismo jardín del día anterior. Y allí estaba el joven, solo que esta vez, tomó camino a él y decidió hablarle.
Fue inevitable que el amor comenzara a invadir sus venas y el ígneo recuerdo encendiese sus voluntades, pasó el tiempo y sus encuentros eran más recurrentes. Anna contaba constantemente los segundos desde que se despedían hasta su próximo encuentro, su obsesión crecía de la mano con su amor, y por un tiempo, ella creía estar en el cielo tocando con sus manos las mismas nubes y bailando con ángeles en un plano celestial y hermoso. Y quizás -quien sabe- en verdad lo hacía.
Con el tiempo Anna conoció la caricia, el fulgor de su abrazo. El frío de las despedidas y la alegría del encuentro. Sus lazos se fortificaban con el tiempo.

Pero todo cambió cuando una mañana de Abril, un viento tierno y cálido penetró la ventana de sus aposentos y Anna despertó sugestionada. Se dirigió a su ventana, desde la cual venía un gran haz de luz cálida, pero no pudo ver nada. Por lo que bajó y saliendo de su casa, descubrió una carta en su buzón dirigida hacia ella. Era de su amor y estaba manchada con sangre. La abrió desesperada, el sudor recorría su frente y la agitación había enervado sus sentidos. La carta rezaba:

"Si pudieran tus ojos claros perdonarme y no llorar por mí, me encontraré en algún futuro contigo y te explicaré lo que pasó.
Por siempre tuyo"

Las lágrimas inundaron sus ojos llenos de incertidumbre mientras reconocía la letra de su hombre, y corrió despavorida hacia el lugar donde veía que se originaba la luz y el calor que había visto y sentido.

Se trataba esa de un hogar en llamas, pero no cualquier hogar, era aquella dirección, aquella calle donde el amor de sus ojos había de vivir. Anna no comprendía lo que había sucedido.

Pasaron los años y no existió explicación que pudiese aplacar la congoja de su alma, una catarata incesante de agua helada recorría su cuerpo dándole espasmos de dolor y sentía como toda su vida se convertía en miseria y caos.
Ella escribió, alguno de esos días, estas líneas:

"Hace tiempo te has ido, escapándote de mis brazos
y hoy no reciben mis pies guía en sus pasos.
¿Qué dolor te arrastró a envolver tu cuerpo en llamas?
¿Qué angustia profunda te hizo huir de mis labios e inmolarte en tu cama?
Los cuervos vuelan en círculos sobre mi casa, pues es mi alma la que muere
Te fuiste y no hay remedio para esta enfermedad, no hay venda para esta herida.

Serán mis lágrimas el dulce riego de las flores que adornan tu féretro
Será mi sangre el tinte escarlata que tiña mis días de pesar
Esperaré, absurda, el momento en que llegue mi hora para poder acompañarte
..cuanta desdicha has dejado en mi corazón.

Quisiera ser tan valiente como tu lo fuiste para brindarme la muerte a mi misma,
Quisiera tener alas de ángel para volar hacia el cielo y abrazarte
Quisiera pedirle a Dios una nueva oportunidad para vernos, sólo una
Quisiera que Dios no fuese tan riguroso con sus tiempos y sus caminos
¿Por qué te quitó de mi lado?

Cuando el viento se aventure a soplar
Cuando la noche se pinte de estrellas
Y el mar se alumbre con el alba
Quiero oír tu nombre, quiero oírte hablar.

Hazlo por lo que pasamos,
hazlo por lo que pudo ser
hazlo por mí.

Elyssia"

Poco se supo de Anna Marie du Moulin después de ese tiempo, su otrora impecable maison du Moulin se convirtió en una ruina. Algunos dicen que huyó a las montañas, y tenían razón. Otros dicen que murió en algún río recordando a su amante... Y también tenían razón, Anna murió aquel día, ahora es una persona que el dolor transformó en frío, ahora en su cuerpo vive Elyssia. Una mujer, que solo vive para olvidar.

El recuento 26/02/2014

¿Puede que todo esté perdido?

La incontinencia de los dolores que provienen del mundo abstracto comienzan a hacer mella en el mundo físico y sólo parece haber una salida... Pero es demasiado extrema.

¿Qué pasaría si la tomo? ¿No hay otro método para sanar este ardor del alma?

Tal vez debería seguir pensándolo, buscar algo de que aferrarme para resistir este huracán desenfrenado que me arrastra entero hacia los mundos del Erebo.

Si las llamas pudieran apagarse con tan solo una orden, todo se hubiese convertido ya en agua clara.
¿Por qué abandonó tu voz mi mente? ¿Por qué ya no recibo tu conducción?

Ahora voy por mi cuenta, mi mente se siente suelta sin la voz que me dice que hacer.
Aunque ¿Podré aguantar eso?
Son muchas preguntas sin respuesta, tal vez hoy mejor duerma temprano, tal vez mejor sea que deje de pensar un segundo.

martes, 25 de febrero de 2014

Y si no?

Quisiera un par de brazos
de un amigo, o de una mujer
que me pueda sostener
y unir nuestros lazos.

Quisiera alguien con quien poder hablar de mis problemas abstractos, sin fundamento terrestre.


lunes, 6 de enero de 2014

Y fue

Estaba allí sentada esa chica solitaria al abrigo de la lluvia diurna de verano, en un parque pequeño a la periferia de su centro, afuera de su mundo. Miraba absorta una flor cuando llegué a verla, quizás pensaba para si misma cuantos misterios pueden hallarse detrás de los pétalos, recuerdo que era curiosa como todos los niños, y me hizo creer que quizás sea cierto ese rumor que reza "Todos llevamos un niño interior" Aunque ella era una adolescente cuya niña interior rondaba su superficie. Elevó la vista al escuchar mis pasos en el césped húmedo, entre los charcos.
No llevaba paraguas, estaba mojada y tenía frío, lo noté por la forma en que temblaba y por sus labios azulados, le dí mi abrigo y me senté a su lado. Su mirada se desvió de la mía cuando me aventuré a verla, era más hermosa de lo que había imaginado, sus pestañas mojadas por la lluvia creaban una atmósfera profunda cuando la luz atravesaba su mirada de ojos pardos.
Tenía miedo... Y quizás yo también lo tenía, no quería herirla. Su fragilidad era asombrosa, y tal vez por eso se ocultaba tras un manto de dureza, pero aquella tarde, estaba frágil... Frágil y celestial.
Entonces la abracé, y mis brazos sintieron los suyos mientras ganaban calor, y era un calor especial dado el lucro que nuestra unión era para nosotros. Sonrió, y yo reí levemente. De repente el parque era nuestro mundo y nosotros sus únicos habitantes, luego, sólo el banco donde nos sentábamos existía, y tras un tiempo, sólo nosotros.
Comencé a besarla mientras nuestros ojos se cerraban en el abismo más profundo del amor contenido, como una previa presentación, aunque sabíamos que sólo era el broche de oro para nuestras vidas, todo estaba por terminar, pero nunca habíamos disfrutado tanto el comienzo.
No conté las horas, en mi desvarío, nunca cuento las horas. Pero habrán pasado dos, o tres cuando una daga se asomó celosa de su bolsillo, y esgrimida por su dueña, atravesó mi corazón en un festival sanguinolento de Enero, sonreí a pesar del dolor, pero no soporté sus lágrimas. No quería hacerlo, lo noté, pero era importante para mí terminar con el sufrimiento que el mundo terrenal me brindaba a diario como un cóctel gratis y desinteresado, sobraba y no podía seguir. Ella lloraba desconsolada, pero había cumplido mi sueño, quería morir junto al único fragmento de felicidad que me quedaba, quería terminar junto a ella.
Tras unos días, unos oficiales encontraron nuestros cuerpos abrazados bajo la capa de la noche, la sangre imitaba a un lago a nuestro alrededor, y nosotros éramos sus criaturas, juntas por la eternidad, hasta encontrarnos en el cielo de los desesperados. 

viernes, 3 de enero de 2014

Dime quien eres, extraña musa de los bosques, dime por qué me has elegido a mí para hablarme.
Cuéntame por qué no te veo, dime por qué sólo eres el reflejo de la luna entre los árboles, mas existes como un individuo de los espíritus.
Haz aparecido mientras recorría los bosques, me has susurrado al oído poesías maravillosas que yo algún día escribiré por ti.
Sin embargo no te veo ahora, te has ido y tu perfume de eucalipto permanecerá en mi pecho. Pronto escribiré con lo que me has inspirado, y tu efigie será mero libro para recordar.

miércoles, 25 de diciembre de 2013

La realidad no es más que un sueño, siendo sólo el sueño nocturno la realidad

No sos sino el brillo más enceguecedor que perciben mis ojos
No son tus piernas, no es tu pecho, no es tu diadema
No son las negras aves que vuelan en tu presencia
No son los suspiros de tu regazo los que me quitan el aire
No es tu caminar de princesa lo que me pisa la mirada
No es tu hablar de señorita el que me destroza el alma 
No es la ternura de tu cara, no es la forma de tu cintura
No hay bello trayecto que las gloriosas hojas de otoño describan en su caída
No hay apasionado vuelo de un águila
No hay viento más fuerte
Que no te hable de mi sentir
Es algo más.
Algún día lo encontraré
Y lo encontraré
Si en tus abrazos, si en el calor de tu cuerpo.

Como un sueño de verano que pierde su nitidez para disolverse en los nocturnos placeres de las estrellas.