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miércoles, 18 de noviembre de 2020

Lo sabés

No deben verse turbulentas,
las aguas que fluyen lentas.
Mis palabras son inocentes,
y sus ánimos, quiescentes. 

No recibí ataques, ni esgrimí
defensa alguna para mí.
No hay tal muralla eterna,
ni interpretación alterna.

Mis metáforas son fruto,
de un árbol sincero y bruto.
No serás una nube grande,
pero te veo allí donde ande.

Por tanto mis comparaciones,
no son tan descabelladas.
En palabras plasmo mis visiones,
disciplinadamente liberadas. 

No sé si has cambiado,
si algún quiebre en tu camino
si tanto te ha alterado,
alguna vuelta del destino.

No te recuerdo solamente,
de los días soleados.
Dando vueltas en mi mente,
también nos recuerdo peleados.

Recuerdo las agonías y miserias,
recuerdo berrinches e histerias.
Recuerdo caras tristes y serias.

Hay además otras sensaciones,
recuerdo alegrías e ilusiones,
demasiadas para hacer alusiones. 

No me acompañan imágenes ideales,
ni fantasmas, aunque no seas igual.
Son elementos puros y reales,
de nuestro universo, la energía residual. 

Reconstrúyase en paz y armonía,
sólo deseo que en tu cosmogonía
los cimientos sólidos te eleven,
y tus manos al paraíso te lleven. 


lunes, 9 de noviembre de 2020

Comienzan a soplar esas brisas,
que avisan la inminencia del verano.
Yo descanso envuelto en las flores
que he sembrado a mi paso.

La luz y la oscuridad hacen juegos,
tanto afuera como adentro.
Cada rayo da una sombra,
cada risa da un silencio.

Todo pasa afuera, todo pasa adentro.

Así el hielo más frío torna
en voraces llamaradas,
que finalmente se apagarán.

Todo pasa afuera, todo pasa adentro.

Nos vimos y cruzamos la puerta.
Pero uno quedó adentro,
y otro afuera. 

miércoles, 4 de noviembre de 2020

¿Fantasmas complementarios?

No importa el encono con el que me aventure a exegetar los símbolos a los que has dado forma de palabras, hay un velo que constantemente nubla la verdad tras el mensaje y me impide acceder a la toma de conocimiento.
Por supuesto, es tarde para sorprenderme (siempre ha sido así), pero puntual para alegrarme de saber que existo como una hoja al pie de tu árbol, como una gota en caída libre desde tu inmensa nube. 
De esa manera, algunos estamos hechos para pasar. Pero quizás algo de mí permanezca en las palabras con las que me expulsaste allí donde tus sentidos no llegan a encontrarme, pero tu memoria no pueda hacer más que intentar vislumbrar lo que se teje tras los bastidores en el panteón del pasado.


lunes, 2 de noviembre de 2020

El epílogo

A estas alturas ya perdí la noción del tiempo. Cada día se me dibuja como semana, y al mirar el calendario, descubro nuevamente que las horas pasan lento.
Dicho esto, no puedo precisar si ya han pasado tres meses, tres semanas o tan solo tres días desde que el filo de la guadaña atravesó mi corazón deshaciendo el hechizo de la bruja. Las heridas cierran, y he ganado la libertad. 
Ahora mismo mi mente está en paz, lentamente los recuerdos desaparecen y el veneno decanta y se elimina de mi sangre. La rehabilitación es exactamente como dijeron que sería, y esta vez estoy comprometido a, de una vez por todas, dejar atrás el ominoso destino de los falsos ángeles que abracé con fervor.
No juzgaré ni me juzgaré a mí mismo. He dado con pensar que todos somos responsables de nuestro destino, y ahora las heridas físicas y psicológicas que supuran uniendo sus bordes son nada más que los jeroglíficos con los que la sabiduría queda inscrita en mi piel y en mi mente. 
A veces es necesario cerrar el alma y el cuerpo, ocultarse como la flor durante la noche, regenerando en el secreto de sus pétalos su vitalidad y belleza para, cuando salga al fin el sol, volver a brillar. 

miércoles, 7 de octubre de 2020

Silencio y salud

De vez en cuando, los vaivenes de la vida,
me dejan de nuevo en tu portal. 
Observándote, observándome, desde las sombras indómitas. 
Recordando aventuras y desencuentros,
placeres y desengaños.

A menudo pienso en mis pecados,
por los que nunca pagué,
salvo por tu silencio.

Aunque los hados del tiempo,
hayan borrado del futuro
la receta de nuestro ensalmo,
diré tu nombre a la tierra 
cuando necesite recordar.

Entonces cuando pierda el rumbo,
diré tu nombre.
Cuando ya no sepa quién, ni como soy,
diré tu nombre.
Como un conjuro o invocación,
cuando olvide que es el amor,
diré tu nombre.

Y entre los recuerdos, risas y desencantos,
volverá la ciencia de lo perdido,
el arcano del espíritu y el fuego,
que nació al tomarnos la mano. 


sábado, 15 de agosto de 2020

J

 Hoy volví a visitarte,

volví, sin que me vieras,

y me encontré con tu sonrisa.

La misma con la que pintaste,

mi infierno y calvario.

Ya no estalla mi consciencia,

ni se cercena mi razón ante vos.

Pero mi centro aún se encoje,

y llora brevemente,

cuando pienso por qué no fue.


miércoles, 5 de agosto de 2020