Mi conciencia se estrecha, mis horizontes se acercan a mi vista, el mundo parece representarse en la suma de pocos elementos.
Mi alma se desintegra lentamente y muere como el vegetal que se perdió de la vista de Febo. No hallo sino amargura en el infierno vivo. Han caído las esperanzas y se han hecho nulos los votos que otrora se elevaban en nombre de la alianza de nuestras almas.
Me queda el despojo, lo que nunca fue. Cargo con una vida que desprecio por el dolor y la oscuridad en que se sumerje.
Anhelo vanamente que se revele mi destino, que pasen ante mí las musas, que desfilen frente a mí múltiples hados que puedan hablar de mi futuro.
Te extraño. Pero más me extraño a mí mismo. A mis flores celebrando bajo tu vigilancia solar.
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viernes, 20 de septiembre de 2019
domingo, 28 de julio de 2019
Cuando recuerde mi nombre,
recordaré mi cuerpo y mente,
recordaré que soy un hombre,
recordaré que vivo el presente.
Cuando recuerde mi nombre,
habré pensado que dormía,
sabré, sin que me asombre,
que he vivido en la agonía.
Es mi nombre una llave,
un proceso y un arcón.
Es mi nombre esa clave,
que hará trabajar la razón.
Cuando se haga pensamiento
el nombre mío que anhelo,
no habrá amor ni resentimiento,
pero tendrá mi desvelo
un merecido descanso,
cuando mi nombre vuelva al remanso
de mi consciencia,
de mi espíritu,
de mi recuerdo.
recordaré mi cuerpo y mente,
recordaré que soy un hombre,
recordaré que vivo el presente.
Cuando recuerde mi nombre,
habré pensado que dormía,
sabré, sin que me asombre,
que he vivido en la agonía.
Es mi nombre una llave,
un proceso y un arcón.
Es mi nombre esa clave,
que hará trabajar la razón.
Cuando se haga pensamiento
el nombre mío que anhelo,
no habrá amor ni resentimiento,
pero tendrá mi desvelo
un merecido descanso,
cuando mi nombre vuelva al remanso
de mi consciencia,
de mi espíritu,
de mi recuerdo.
sábado, 27 de julio de 2019
Retrointrospección
Recuerdo el estridente ruido del conflicto, ahora, en medio del silencio que anhelaba.
Recuerdo rogar que mis heridas cierren, ahora que no sangran.
Recuerdo mirar con temor la frontera del mañana, ahora que vivo en futuros.
Son los halos del silencio ahora mi túnica de Neso, mi dama de hierro. Mi heridas cerradas un dolor que reverbera, y este futuro, impregnado de ayeres.
Quizás me engañe, y nada de lo que percibo sea sino una realidad velada, un pasado invertido en la línea.
¿Quién soy, entonces, si acaso he perdido mi voluntad primera?
¿Quién es el que acecha inadvertido tras los sauces del camino?
Quizás sea yo, en otro cuerpo. Tal vez el acechante sea yo mismo mirándome en el espejo.
Dudo, pero no dejo de caminar.
Recuerdo rogar que mis heridas cierren, ahora que no sangran.
Recuerdo mirar con temor la frontera del mañana, ahora que vivo en futuros.
Son los halos del silencio ahora mi túnica de Neso, mi dama de hierro. Mi heridas cerradas un dolor que reverbera, y este futuro, impregnado de ayeres.
Quizás me engañe, y nada de lo que percibo sea sino una realidad velada, un pasado invertido en la línea.
¿Quién soy, entonces, si acaso he perdido mi voluntad primera?
¿Quién es el que acecha inadvertido tras los sauces del camino?
Quizás sea yo, en otro cuerpo. Tal vez el acechante sea yo mismo mirándome en el espejo.
Dudo, pero no dejo de caminar.
jueves, 25 de julio de 2019
Vade retro haze
Gran esfera celeste,
bóveda de dioses,
destino de mis plegarias.
Sea el soplo de tu aliento,
lo fuerte que no fui,
para arrancarme las vendas.
Sea tu luz tan brillante,
compañera de mis desvelos,
para iluminar el sendero
por el que debo caminar.
Tierra que piso firme,
enséñame de tu estoica permanencia,
tu que has presenciado y soportado,
tu que en silencio has perdurado,
ilústrame en la noche de mis lamentos.
Sean tus hierbas y regalos,
suficientes para sanar las llagas
que me ha causado el cruel Eros,
y den alivio a mi mente cansada.
Sean tus santas aguas tan puras,
para diluir en su seno el veneno
que la vil serpiente, con astucia y engaño,
inoculó en la matriz de mi espíritu.
Sea tu abrazo, magna tierra,
el refugio último del lamento
que pronuncian mis labios.
Permíteme así como Helios,
que cabalga orgulloso sobre Urano,
amanecer radiante y victorioso.
Envuélvanme aguas del Estigia,
derrama sobre mis sienes unas gotas
del diáfano Leteo,
que nos purifica de andanzas mortales.
Habré renacido, habré llegado.
que cabalga orgulloso sobre Urano,
amanecer radiante y victorioso.
Envuélvanme aguas del Estigia,
derrama sobre mis sienes unas gotas
del diáfano Leteo,
que nos purifica de andanzas mortales.
Habré renacido, habré llegado.
martes, 11 de septiembre de 2018
Ha regresado. Las arenas que otrora encontraron descanso y quietud ahora vuelven a caer por el fino orificio hasta el fondo del abismo que le provee su prisión de cristal, marcando el tiempo, el tiempo que ha vuelto a correr.
Helios nos observa desde el cenit, y desde las ominosas profundidades Perséfone de ojos claros se dispone a retornar a la superficie al encuentro de su madre.
¿Cómo podemos, entonces, ignorar semejantes movimientos rasgando la obnubilación en la que quedamos sumergidos?
Helios nos observa desde el cenit, y desde las ominosas profundidades Perséfone de ojos claros se dispone a retornar a la superficie al encuentro de su madre.
¿Cómo podemos, entonces, ignorar semejantes movimientos rasgando la obnubilación en la que quedamos sumergidos?
viernes, 19 de enero de 2018
jueves, 4 de enero de 2018
Carta al Otro
Querido Alter:
Me gustaría recomenzarlo todo e iniciar pidiéndote disculpas por no seguir la sabiduría de tu voz. Vos me dijiste las cosas tal cual eran y en mi impulso, mi orgullo de sentirme poderoso e imbatible, me lancé hacia los brazos de fuego que advertiste me quemarían de inmediato, y así lo hicieron. Me dije tantas cosas inútiles que hoy se vuelven en mi contra que espero jamás volver a caer.
Las cosas no salieron como esperaba y todo se dio de acuerdo a tu vaticinio, quizás nunca más vuelva a dudar de lo que me decís y por favor, si hago oídos sordos, gritá más fuerte. Golpeame, moveme. Aunque espero haber crecido lo suficiente como para no tener que negarte como el adolescente que escapa a los consejos de sus padres.
Me siento feliz de saber que estás ahí. Espero que no sea tarde para seguir escuchándo tu voz resonando en mi mente, tu silencio fue mi noche en el año donde tanta sangre se vertió en el suelo de formas vacuas, donde vi la desgracia abrazándome como un amigo, y mi perdición se convirtió en mito y realidad para los que me rodean.
Tu respuesta la conozco, no es necesario que esta misiva sea contestada.
Te quiero.
Virgilio
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