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lunes, 14 de abril de 2014

La fortaleza, el poder de uno.

Cuando sentimos la gravedad aumenta su poder, y todo nos tira hacia abajo. Hay una fuerza dentro nuestro, el poder de uno.
El poder de uno es una energía de reserva que a veces ni siquiera nos molestamos en notar, pero que siempre está dentro nuestro. Tan solo falta mentalizarse y usarla, o al menos, eso sucede conmigo. 
Mirando alrededor, notando lo bueno de nuestras vidas y poniendo en segundo plano lo malo (por más avasallante que sea), se libera la energía de uno. 

¿Es una táctica desesperada tal vez? Lo sea o no, hoy ella me ayuda a vivir. Vivamos con el poder de uno
Las sombras pueden esperar, el llanto puede cesar, la vida TIENE que continuar. 

sábado, 12 de abril de 2014

El diario de Roy Aarón De Christine

11/2
"Mis días apostado en la cuenca de este caudaloso río ubicado cerca de las tierras a las que huí cuando la Ley se me hizo pesada, han sido de lo más interesantes si uno decidiese invitar la propia mente a la exhaustiva reflexión.
He comprendido algunos misterios de la vida, tal vez, la soledad y incesante sonido del agua impactando y describiendo un zigzag entre las rocas han cubierto mis ideas del fino polvo mágico que se respira en los bosques. Ahora todo puedo verlo con otros ojos que quizás no sean los míos, pero me gustan más.
Conforme pasa el tiempo, me veo más y más sumido en la suave sinfonía que me embelesa a mi alrededor, a duras penas puedo ahora discernir en qué día me hallo, cuando es mediodía, o si la noche ya ha colgado la argéntea luna en el firmamento.
Aunque como siempre puede saberse de cualquier situación, no todo es hermoso y perfecto, hasta el más brillante oro tendrá una mancha si se lo escudriña con severidad. Tal es el caso que anoche, mientras mis ojos se cerraban dando inicio a mi merecido descanso en la suave pernocta del espíritu, un sonido vago y misterioso se agitó tras los árboles del bosque que circundaba el río. Por supuesto, no existe fiero sonido ni letal bochinche que logre amedrentar o mermar el vigoroso auge de Don Aarón De Christine, por lo que aprontando mis fieles botas, partí al encuentro de aquel bullicio que impedía a mi templanza emprender el sueño.
No obstante fue engañada mi merced pues al pasar un par o dos de aquella ubérrima espesura me sorprendió un silencio profundo tras el corte de aquella sonoridad. Ciertamente el trueno de mis pasos más mi varonil y rudo aroma han espantado a quienquiera que estuviese produciendo tal alboroto, empero, retorné a mi asentamiento y allí me dispuse a dormir sin contratiempos"
  

But, Oh my God! You're beautiful

Conforme la vista va cerrándose con el peso de los párpados y el vapor de un té, me hundo en pensamientos más y más profundos que excitan a la cruel soledad a dar sus latigazos sobre mi espalda cansada.
A veces miro, y me pregunto si esto está bien. ¿Cuál será la recompensa por tantos años de estar solo, viendo como mi juventud pasa tranquila, cuando debería estar alborotada? Estoy contando los años de mi vejez sin arrugas, mis años de vegetal sin hojas.

martes, 25 de marzo de 2014

¿El acto final?

Los aires se mezclan, las nubes se disipan como enredadas en un sinfín de pensamientos panegíricos a la luz entrante del sol. Sin embargo, no puedo sino pensar, en mi mente excesivamente desconfiada, que ahora serán los rayos del sol los que me quemen.
Dios estará conmigo, lo sé, él es mi alivio y mi salvación.
Cierro los ojos y un futuro brillante me espera, la soledad será mi confidente y mi propio cuerpo será festiva carroza para mis sueños. El mundo es mío, y sólo necesito aceptarlo.
No hay nadie que necesite, sin embargo, no puedo estar sin nadie. Mas sé que en el fondo habrá mucha gente que sonreirá conmigo, y algunos que acompañarán mis tristezas. Y en caso de no haberlos, otra vez mi propia mente se convertirá en vino dulce derramado en la embriaguez de mi mente. Las barreras ya no existen, los momentos se van, el amor se disipa por el bienestar.
Cierro mi corazón, y abro los ojos.

lunes, 10 de marzo de 2014

El recuento 10/03/2014

¿He fallado?

Esa pregunta se hace presente en mi mente cada vez con más continuidad, me quita el sueño, me quita la alegría.

¿He fallado?  Me pregunto. Me pregunto si he fallado.

Si he fallado como persona, como amigo, como familiar, como todo en los aspectos de mi vida. Me pregunto si he fallado.

¿Pero cómo volar airoso cuando la tierra se vuelve un mar de manos que me impulsan al fondo? ¿Hay alguna senda para escapar?
Lo dudo, hace tiempo la busco y no la encuentro, la oscuridad se cierne cada vez más en mis contornos y poco se podrá encontrar entre esa marea de negra masa.
No es soledad, no es ofensa, sino más bien un sentimiento profundo de vergüenza, necesito ayuda, tal vez, y urgente. Pero quizás lo mejor sea no recibirla y prescindir de esa necesidad, en las sombras hallaré mi refugio, en las sombras hallaré mi libertad o mi perdición. Pero será mía, y nadie podrá arrebatármela.

miércoles, 26 de febrero de 2014

Alfonsina y el mar

Por la blanda arena que lame el mar 
su pequeña huella no vuelve más 
un sendero solo de pena y silencio llegó 
hasta el agua profunda 
un sendero solo de penas mudas llegó 
hasta la espuma. 

Sabe dios qué angustia te acompañó 
qué dolores viejos calló tu voz 
para recostarte arrullada en el canto 
de las caracolas marinas 
la canción que canta en el fondo oscuro del mar 
la caracola. 

Te vas Alfonsina con tu soledad 
¿qué poemas nuevos fuiste a buscar? 
una voz antigua de viento y de sal 
te requiebra el alma y la está llevando 
y te vas hacia allá como en sueños 
dormida, Alfonsina 
vestida de mar. 

Cinco sirenitas te llevarán 
por caminos de algas y de coral 
y fosforescentes caballos marinos harán 
una ronda a tu lado 
y los habitantes del agua van a jugar 
pronto a tu lado. 

Bájame la lámpara un poco más 
déjame que duerma nodriza, en paz 
y si llama él no le digas nunca que estoy 
dile que Alfonsina no vuelve
y si llama él no le digas nunca que estoy
di que me he ido. 

Te vas Alfonsina con tu soledad 
¿qué poemas nuevos fuiste a buscar? 
una voz antigua de viento y de sal 
te requiebra el alma y la está llevando 
y te vas hacia allá como en sueños 
dormida, Alfonsina 
vestida de mar.



Elyssia

Elyssia, quizás antes mejor conocida como Anna Marie du Moulin, es una mujer plácida que, en los días que toma lugar mi relato, vive encerrada en su castidad encima de las montañas más alejadas de la cordillera andina, su piel es blanca como la nieve que la rodea, y sus cabellos cortos le dan un aspecto fuerte, como marcado por el pasado.
Desde que nació, su vida se encontró inclinada a la bondad. Siendo la primogénita en el seno de una familia poderosa e influyente en sus tiempos, dedicó sus años a ayudar a todo aquel que sus ojos viesen en necesidad.
Odiaba jactarse de sus acciones, y auxiliaba advirtiendo a sus menesteres que no debían divulgar su hacer. Al llegar a sus 30 años, era conocida como el ángel de la región, su nombre era utilizado en metáforas sobre la generosidad, la belleza y la cordialidad, pero ante todo, se destacaba en sus rasgos una dulce y conmovedora sonrisa que llevaba un leve vaho de calor al corazón de quien la miraba.

Un día como cualquiera, Anna abrió la puerta de la maison du Moulin y al salir comenzó a divagar pensando en el paseo que daría y otras múltiples historias que se aventuran de forma corriente en la mente de una mujer joven. Sin embargo, no sabía -ni tenía forma de saber- que en ese paseo se encontraba su perdición.

Mientras sus pies pisaban el suave césped que adornaba el centro de los jardines du Moulin, se encontró a un extraño joven que la miraba fijamente, sus ojos eran negros como la noche y su cabello largo al viento recordaba a un salvaje equino corriendo en praderas vírgenes sin ningún control ni artificio humano que lo detuviera, Anna no notó como paulatinamente su imaginación caía en la esclavitud de no poder desprenderse ni volar muy lejos de su recuerdo cálido.
Al día siguiente, al mismo horario, se mandó como guiada por un milagro divino hacia el mismo jardín del día anterior. Y allí estaba el joven, solo que esta vez, tomó camino a él y decidió hablarle.
Fue inevitable que el amor comenzara a invadir sus venas y el ígneo recuerdo encendiese sus voluntades, pasó el tiempo y sus encuentros eran más recurrentes. Anna contaba constantemente los segundos desde que se despedían hasta su próximo encuentro, su obsesión crecía de la mano con su amor, y por un tiempo, ella creía estar en el cielo tocando con sus manos las mismas nubes y bailando con ángeles en un plano celestial y hermoso. Y quizás -quien sabe- en verdad lo hacía.
Con el tiempo Anna conoció la caricia, el fulgor de su abrazo. El frío de las despedidas y la alegría del encuentro. Sus lazos se fortificaban con el tiempo.

Pero todo cambió cuando una mañana de Abril, un viento tierno y cálido penetró la ventana de sus aposentos y Anna despertó sugestionada. Se dirigió a su ventana, desde la cual venía un gran haz de luz cálida, pero no pudo ver nada. Por lo que bajó y saliendo de su casa, descubrió una carta en su buzón dirigida hacia ella. Era de su amor y estaba manchada con sangre. La abrió desesperada, el sudor recorría su frente y la agitación había enervado sus sentidos. La carta rezaba:

"Si pudieran tus ojos claros perdonarme y no llorar por mí, me encontraré en algún futuro contigo y te explicaré lo que pasó.
Por siempre tuyo"

Las lágrimas inundaron sus ojos llenos de incertidumbre mientras reconocía la letra de su hombre, y corrió despavorida hacia el lugar donde veía que se originaba la luz y el calor que había visto y sentido.

Se trataba esa de un hogar en llamas, pero no cualquier hogar, era aquella dirección, aquella calle donde el amor de sus ojos había de vivir. Anna no comprendía lo que había sucedido.

Pasaron los años y no existió explicación que pudiese aplacar la congoja de su alma, una catarata incesante de agua helada recorría su cuerpo dándole espasmos de dolor y sentía como toda su vida se convertía en miseria y caos.
Ella escribió, alguno de esos días, estas líneas:

"Hace tiempo te has ido, escapándote de mis brazos
y hoy no reciben mis pies guía en sus pasos.
¿Qué dolor te arrastró a envolver tu cuerpo en llamas?
¿Qué angustia profunda te hizo huir de mis labios e inmolarte en tu cama?
Los cuervos vuelan en círculos sobre mi casa, pues es mi alma la que muere
Te fuiste y no hay remedio para esta enfermedad, no hay venda para esta herida.

Serán mis lágrimas el dulce riego de las flores que adornan tu féretro
Será mi sangre el tinte escarlata que tiña mis días de pesar
Esperaré, absurda, el momento en que llegue mi hora para poder acompañarte
..cuanta desdicha has dejado en mi corazón.

Quisiera ser tan valiente como tu lo fuiste para brindarme la muerte a mi misma,
Quisiera tener alas de ángel para volar hacia el cielo y abrazarte
Quisiera pedirle a Dios una nueva oportunidad para vernos, sólo una
Quisiera que Dios no fuese tan riguroso con sus tiempos y sus caminos
¿Por qué te quitó de mi lado?

Cuando el viento se aventure a soplar
Cuando la noche se pinte de estrellas
Y el mar se alumbre con el alba
Quiero oír tu nombre, quiero oírte hablar.

Hazlo por lo que pasamos,
hazlo por lo que pudo ser
hazlo por mí.

Elyssia"

Poco se supo de Anna Marie du Moulin después de ese tiempo, su otrora impecable maison du Moulin se convirtió en una ruina. Algunos dicen que huyó a las montañas, y tenían razón. Otros dicen que murió en algún río recordando a su amante... Y también tenían razón, Anna murió aquel día, ahora es una persona que el dolor transformó en frío, ahora en su cuerpo vive Elyssia. Una mujer, que solo vive para olvidar.